de pronto terriblemente grave cuando la otra ya no vive. ¡Y además una muerte así… sin amigos y sin consuelo! Lo siento muchísimo por ella —concluyó, y se alegró al advertir una expresión de alegre aprobación en el rostro de Natasha.
—Sí, de modo que vuelve a ser usted un soltero codiciado —dijo la princesa María.
Pierre se sonrojó de repente y durante mucho tiempo intentó no mirar a Natásha. Cuando se atrevió a volver a mirarla, su rostro estaba frío, severo y, le pareció, incluso despectivo.
—¿Y vio y habló de verdad a Napoleón, tal como nos han contado? —dijo la princesa María.
Pierre se rio.
—¡No, ni una sola vez! Todo el mundo parece imaginarse que ser hecho prisionero significa ser huésped de Napoleón. ¡No solo jamás lo vi, sino que no supe nada de él; andaba en compañías mucho más