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nydus/War and PeacePublic
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I. Continuidad absoluta del movimiento

su poder y fuerza personales, afirmando la existencia de un criterio de vida superior, no humano.

Desde el mismo día en que Pierre había experimentado este sentimiento por primera vez en el palacio de Slobodá, se había hallado continuamente bajo su influencia, pero solo ahora encontraba en él plena satisfacción.

Además, en este momento, a Pierre lo respaldaba en su designio y le impedía renunciar a él lo que ya había hecho en esa dirección. Si ahora abandonara Moscú como todos los demás, su huida de casa, el gabán de campesino, la pistola y su anuncio a los Rostov de que se quedaría en Moscú resultarían no solo carentes de sentido, sino despreciables y ridículos, y a esto Pierre era muy sensible.

El estado físico de Pierre, como ocurre siempre, correspondía a su estado mental. La comida basta e insólita, el vodka que había bebido durante aquellos días, la ausencia de vino y cigarros, su ropa sucia y sin mudar, dos noches casi sin dormir pasadas en un sofá corto y sin ropa de cama: todo aquello lo mantenía en un estado de excitación rayano en la locura.

Eran las dos de la tarde. Los franceses ya habían entrado en Moscú. Pierre lo sabía, pero en lugar de actuar solo pensaba en su empresa, repasando en su mente hasta el más mínimo detalle. En su imaginación no se representaba con claridad ni el golpe certero ni la muerte de Napoleón, sino que, con una viveza extraordinaria y un melancólico deleite, se imaginaba su propia destrucción y su heroica resistencia.

“¡Sí, solo, por el bien de todos, debo hacerlo o perecer!”, pensó. “Sí, me acercaré… ¿y luego de repente… con pistola o

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