enviaron botes en su auxilio. La mayoría logró regresar a la orilla de la que habían partido. El coronel y algunos de sus hombres cruzaron y, con dificultad, treparon a la otra orilla. Y tan pronto como salieron, con sus ropas empapadas y chorreantes, gritaron «¡Vivat!» y miraron extasiados el lugar donde había estado Napoleón, pero donde ya no estaba, y en ese momento se sintieron felices.
Aquella tarde, entre impartir una orden para que el papel moneda ruso falsificado preparado para su uso en Rusia fuera entregado lo más rápidamente posible y otra para que fusilaran a un sajón, a quien se le había encontrado una carta con información sobre las órdenes dadas al ejército francés, Napoleón también dio instrucciones de que el coronel polaco que se había lanzado innecesariamente al río fuera inscrito en la Legión de Honor, de la cual el propio Napoleón