todo el terror de lo sucedido durante aquellos últimos días y los primeros de su viaje, este sentimiento de que la Providencia estaba interviniendo en sus asuntos personales reconfortaba a Sonia.
En el monasterio de la Trinidad, los Rostov hicieron por primera vez alto en su viaje durante todo un día.
Tres grandes habitaciones les fueron asignadas en la hospedería del monasterio, una de las cuales estaba ocupada por el príncipe Andréi. El herido se encontraba mucho mejor ese día y Natasha estaba sentada con él. En la habitación contigua estaban el conde y la condesa conversando respetuosamente con el prior, quien los visitaba como a viejos conocidos y bienhechores del monasterio. Sonia también estaba allí, atormentada por la curiosidad de saber de qué hablaban el príncipe Andréi y Natasha. Oía el rumor de sus voces a través de la