—exclamó el visitante—. Parece que mientras estuvo en el extranjero a este joven se le permitió hacer lo que quiso, y ahora en San Petersburgo me entero de que ha estado haciendo cosas tan terribles que ha sido expulsado por la policía.
—¡No me diga usted tal! —respondió la condesa.
—Eligió mal a sus amigos —interpuso Ana Mijáilovna—. ¡Se dice que el hijo del príncipe Vasili, él y cierto Dólokhov han hecho sabe Dios qué! Y han tenido que pagarlo. Dólokhov ha sido degradado a raso y el hijo de Bezúkhov, enviado de vuelta a Moscú. El padre de Anatoli Kuragín logró de algún modo que se silenciara el asunto de su hijo, pero aun así le ordenaron salir de Petersburgo.
—Pero ¿qué han estado haciendo? —preguntó la condesa.
—Son unos auténticos bandidos, especialmente Dólokhov —respondió el visitante—. Es hijo de Marya Ivánovna Dólokhova, una mujer tan digna, pero en fin, ¡imagínate! ¡Esos tres consiguieron un oso por ahí, lo metieron en un coche de caballos y se fueron con él a visitar a unas actrices! La policía intentó intervenir, ¿y qué hicieron los jóvenes? ¡Ataron a un policía y al oso espalda con espalda y echaron al oso al canal Moika! ¡Y ahí estaba el oso nadando con el policía a la espalda!
—¡Qué buena figura debió haber hecho el gendarme, querida mía! —gritó el conde, muriéndose de risa.
—¡Oh, qué horror! ¿Cómo puede reírse de eso, Conde?
Sin embargo, las propias damas no pudieron evitar reírse.
“No fue poco lo que les costó rescatar al pobre hombre”, continuó el visitante. > “¡Y pensar que es el hijo de Kiríl Vladímirovich