con los hijos, pero su anhelo más fuerte y profundamente oculto era el amor terrenal. Cuanto más intentaba ocultar este sentimiento a los demás y aun a sí misma, más crecía.
“Oh Dios —dijo ella—, ¿cómo he de sofocar en mi corazón estas tentaciones del demonio? ¿Cómo he de renunciar para siempre a estas viles fantasías, para cumplir pacíficamente Tu voluntad?”
Y apenas hubo formulado esa pregunta cuando Dios le dio la respuesta en su propio corazón.
“No desees nada para ti, no busques nada, no estés ansiosa ni envidiosa. El porvenir del hombre y tu propio destino deben permanecer ocultos para ti, pero vive de modo que estés lista para todo. Si es la voluntad de Dios ponerte a prueba en los deberes del matrimonio, mantente lista para cumplir Su voluntad”.
Con este pensamiento consolador (pero al mismo tiempo con