real de mi hijo, a recorrer sin prisa, con nuestros propios caballos y como una verdadera pareja de campesinos, cada rincón del Imperio, recibiendo quejas, enmendando agravios y esparciendo edificios públicos y beneficios
Napoleón, predestinado por la Providencia para el sombrío papel de verdugo de los pueblos, se persuadió a sí mismo de que el objetivo de sus acciones había sido el bienestar de los pueblos y de que podía controlar el destino de millones y, mediante el empleo del poder, otorgar beneficios.
“De cuatro cuartos de millón que cruzaron el Vístula —escribió además sobre la guerra rusa—, la mitad eran austríacos, prusianos, sajones, polacos, bávaros, wurtembergueses, mecklemburgueses, españoles, italianos y napolitanos. El ejército imperial, hablando estrictamente, estaba compuesto en un tercio por holandeses, belgas, hombres de las fronteras del Rin, piamonteses, suizos, ginebrinos, toscanos, romanos, habitantes de la Trigésima