la historia (hasta donde la conocemos) confirman la veracidad de la afirmación de que el mayor o menor éxito de un ejército frente a otro es la causa, o al menos un indicio esencial, del aumento o la disminución de la fuerza de la nación; aunque resulte incomprensible por qué la derrota de un ejército —la centésima parte de una nación— debería obligar a toda esa nación a someterse. Un ejército obtiene la victoria, y al instante los derechos de la nación vencedora aumentan en detrimento de la vencida. Un ejército sufre una derrota, y de inmediato un pueblo pierde sus derechos en proporción a la gravedad del revés, y si su ejército sufre una derrota completa, la nación queda por completo sojuzgada.
Así, según la historia, se ha comprobado desde los tiempos más remotos, y así es hasta nuestros