piernas casi le fallaban, le parecía que estaba agotado. Experimentaba una variedad de sensaciones de lo más complejas. Sentía miedo de lo que pudiera sucederle y aún más miedo de mostrar su miedo. Tenía curiosidad por saber qué iba a pasar y qué se le revelaría; pero, sobre todo, sentía una gran alegría de que hubiera llegado el momento en que, por fin, emprendería aquel camino de regeneración y de vida activamente virtuosa con el que había estado soñando desde que conoció a Ósip Alekséievich.
Se oyeron fuertes golpes en la puerta. Pierre se quitó la venda de los ojos y miró a su alrededor. La habitación estaba sumida en una oscuridad absoluta, solo una pequeña lámpara ardía dentro de algo blanco. Pierre se acercó más y vio que la lámpara estaba sobre una mesa negra en la que yacía un libro abierto.
El libro era el Evangelio, y la cosa blanca con la lámpara dentro era una calavera humana con sus cavidades y dientes. Tras leer las primeras palabras del Evangelio: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios», Pierre rodeó la mesa y vio una gran caja abierta llena de algo. Era un ataúd con huesos dentro.
No le sorprendió en absoluto lo que vio. Esperando comenzar una vida totalmente nueva y muy distinta de la anterior, lo aguardaba todo insólito, incluso más insólito de lo que estaba viendo. Una calavera, un ataúd, el Evangelio; le parecía que lo había estado esperando todo eso y aún más. Tratando de estimular sus emociones, miró a su alrededor. > “Dios, la muerte, el amor, la hermandad de los hombres”, no dejaba de decirse a sí