del Templo. Y en verdad, el sentimiento de devoción volvió a él aún con más fuerza que
Cuando hubo estado tendido allí algún tiempo, le mandaron levantarse y le pusieron un delantal de cuero blanco, igual al que llevaban los demás; le entregaron una paleta y tres pares de guantes, y entonces el Gran Maestro se dirigió a él. Le dijo que debía esforzarse por no hacer nada que manchara la blancura de aquel delantal, que simbolizaba la fuerza y la pureza; después, respecto a la inexplicable paleta, le indicó que debía trabajar con ella para limpiar de vicio su propio corazón y suavizar indulgentemente con ella el corazón de su prójimo. En cuanto al primer par de guantes, de hombre, dijo que Pierre no podía conocer su significado, pero debía conservarlos. El segundo par de guantes de hombre debía