que hacía, comenzó a gritarle a la francesa con enfadada premura, con la voz quebrada: > “¡Es horrible, vil, inhumano aprovecharse de la debilidad...!” No terminó. —Sal de mi habitación —exclamó, y rompió a
Al día siguiente el príncipe no le dirigió la palabra a su hija, pero ella advirtió que en la comida dio orden de que sirvieran primero a Mademoiselle Bourienne. Después de la comida, cuando el lacayo sirvió el café y, por hábito, empezó por la princesa, el príncipe montó en cólera de repente, le arrojó el bastón a Filipp y dio instrucciones inmediatas para que lo reclutaran para el ejército.
—Él no obedece... Lo he dicho dos veces... ¡y no obedece! Ella es la primera persona en esta casa; es mi mejor amiga —gritó el príncipe—. Y si te permites —vociferó furioso, dirigiéndose por