empezó a decir algo en francés. El rostro del Gobernador expresó terror.
«Vete», dijo, inclinando la cabeza hacia Alpátych, y comenzó a interrogar al oficial.
Miradas ávidas, asustadas y desvalidas se dirigieron hacia Alpátych cuando este salió del despacho del gobernador. Escuchando involuntariamente ahora el fuego, que se había acercado y aumentaba en intensidad, Alpátych se apresuró hacia su posada. El escrito que le había entregado el gobernador decía lo siguiente:
Le aseguro que la ciudad de Smolénsk no corre el menor peligro por el momento y es poco probable que llegue a verse amenazada por ninguno. Yo, por un lado, y el príncipe Bagratión, por el otro, marchamos para unir nuestras fuerzas ante Smolénsk, unión que se efectuará el día 22 del presente mes, y ambos ejércitos, con sus fuerzas unidas, defenderán a nuestros compatriotas de la provincia confiada