más íntimas.
X
—¿Nunca te pasa —dijo Natásha a su hermano, cuando se instalaron en la sala—, nunca te pasa la sensación de que ya no queda nada por venir, nada; de que todo lo bueno ya pasó? ¿Y de sentirte no exactamente aburrido, sino triste?
—¡Ya lo creo! —respondió—. Me he sentido así cuando todo iba bien y todo el mundo estaba alegre. Se me ha pasado por la cabeza el pensamiento de que ya estaba cansado de todo aquello, y de que todos tenemos que morir. Una vez, en el regimiento, no había ido a una fiesta donde había música… y de repente me sentí tan deprimido…
“¡Ay, sí, lo sé, lo sé, lo sé!”, la interrumpió Natasha. > “Cuando era muy pequeña me pasaba eso mismo. ¿Te acuerdas cuando me castigaron una vez por lo de unas ciruelas? ¿Todos