engañados por su gobernador. Y estos habitantes arruinados, dando ejemplo a los demás rusos, fueron a Moscú pensando únicamente en sus propias pérdidas, pero avivando el odio hacia el enemigo. Napoleón avanzó más y nosotros nos retiramos, llegando así al mismo resultado que causó su destrucción.
II
El día después de la marcha de su hijo, el príncipe Nikoláy Andréevich mandó llamar a la princesa Márya a su gabinete.
—¿Y bien? ¿Estás satisfecha ahora? —dijo—. ¡Has conseguido que me pele con mi hijo! ¿Satisfecha, eh? ¡Eso era todo lo que querías! ¿Satisfecha?… Me duele, me duele. Soy viejo y débil y esto es lo que querías. ¡Pues ala, regodeate! ¡Regodeate!
Después de aquello, la princesa María no vio a su padre en toda una semana. Estaba enfermo y no salía de su estudio.
La princesa María notó con sorpresa que, durante