bloque enorme, y unos cuarenta hombres que estaban sobre él se abalanzaron, unos hacia delante y otros hacia atrás, ahogándose los unos a los otros.
Aún seguían las balas de cañón silbando y cayendo regularmente sobre el hielo y dentro del agua, y las más de las veces entre la muchedumbre que cubría la presa, el estanque y la orilla.
XIX
En las alturas de Pratzen, donde había caído con el asta de la bandera en la mano, yacía el príncipe Andréi Bolkónski, desangrándose abundantemente y emitiendo inconscientemente un gemido suave, lastimoso y pueril.
Hacia el atardecer cesaron sus gemidos y quedó completamente inmóvil. No sabía cuánto tiempo había durado su inconsciencia. De repente volvió a sentir que estaba vivo y que sufría un dolor ardiente y lacerante en la cabeza.
«¿Dónde está ese cielo alto que no conocía hasta ahora,