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nydus/War and PeacePublic
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I. Continuidad absoluta del movimiento

Riazán y de Moscú para trasladar sus pertenencias domésticas no llegaron hasta el treinta.

Desde el veintiocho hasta el treinta y uno, todo Moscú bullía de ajetreo y conmoción. Todos los días, miles de hombres heridos en Borodinó eran traídos por la puerta de Dorogomílov y llevados a distintos puntos de Moscú, mientras miles de carros transportaban a los habitantes y sus pertenencias hacia el exterior por las otras puertas. A pesar de los bandos de Rostopchín, o a causa de ellos, o independientemente de ellos, corrían por la ciudad los rumores más extraños y contradictorios. Unos decían que a nadie se le permitiría abandonar la ciudad; otros, por el contrario, que todos los iconos habían sido sacados de las iglesias y que se ordenaría marchar a todo el mundo. Unos decían que tras Borodinó había habido otra batalla en la que los franceses habían sido derrotados; otros, por el contrario, informaban de que el ejército ruso había sido destruido. Unos hablaban de la milicia de Moscú que, precedida por el clero, iría a las Tres Colinas; otros susurraban que se le había prohibido marchar a Agustín, que habían capturado a traidores, que los campesinos se alborotaban y robaban a la gente en su salida de Moscú, y así sucesivamente. Pero todo esto no eran más que palabras; en realidad (aunque todavía no se había celebrado el Consejo de Filí, en el que se decidió abandonar Moscú), tanto los que se marchaban como los que se quedaban sentían, aunque no lo demostraban, que Moscú sería indudablemente abandonada, y que debían huir lo más rápido posible y salvar sus pertenencias. Se sentía que todo iba a quebrarse y cambiar de repente, pero

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