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nydus/War and PeacePublic
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I

la altura donde estaba apostado el regimiento de Kiev, en la hondonada por donde corría el arroyo, se oía el estremecedor repiqueteo y chisporroteo de la fusilería, y mucho más a la derecha, más allá de los dragones, el oficial del séquito le señaló a Bagratión una columna francesa que nos estaba flanqueando. A la izquierda, el horizonte estaba delimitado por el bosque cercano.

El príncipe Bagratión ordenó que dos batallones del centro fueran enviados a reforzar el flanco derecho. El oficial de la escolta se atrevió a señalarle al príncipe que, si esos batallones se marchaban, los cañones se quedarían sin apoyo.

El príncipe Bagratión se volvió hacia el oficial y lo miró en silencio con sus ojos apagados. Al príncipe Andréi le pareció que la observación del oficial era acertada y que, en verdad, no se le podía dar respuesta.

Pero en aquel momento un ayudante llegó al galope con un mensaje del comandante del regimiento situado en la hondonada y la noticia de que inmensas masas de franceses se les venían encima y que su regimiento estaba desorganizado y se retiraba hacia los granaderos de Kiev. El príncipe Bagratión inclinó la cabeza en señal de asentimiento y aprobación. Partió al trote hacia la derecha y envió un ayudante a los dragones con la orden de atacar a los franceses. Pero este ayudante regresó media hora más tarde con la noticia de que el comandante de los dragones ya se había retirado más allá de la hondonada del terreno, ya que le habían abierto un intenso fuego y estaba perdiendo hombres inútilmente, por lo que se

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