a un hoyo y que no apeste bajo sus narices, y surgirán nuevas condiciones de vida que a los demás les parecerán de lo más ordinarias y de las cuales yo no sabré nada. Yo dejaré de existir. …”
Miró la hilera de abedules que brillaban a la luz del sol, con su follaje inmóvil verde y amarillo y su corteza blanca.
«Morir… que lo maten a uno mañana… Que yo no exista… Que todo esto siga existiendo, pero ya sin mí…»
Y los abedules con su luz y su sombra, las nubes rizadas, el humo de las hogueras, y todo lo que le rodeaba cambió y pareció terrible y amenazador.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Se levantó rápidamente, salió del cobertizo y se puso a caminar.
Después de que hubo regresado, se oyeron voces fuera del cobertizo. > —¿Quién