deben ser más que un puñado de granujas. Pronto habrá terminado, ¡no puede ser eso, no puede ser! ¡Tan solo pasar junto a ellos más rápido, más rápido!”.
La idea de la derrota y la huida no cabía en la cabeza de Rostóv. Aunque vio cañones franceses y tropas francesas en las alturas de Pratzen, justo donde le habían ordenado buscar al comandante en jefe, no podía ni quería creerlo.
XVIII
A Rostóv le habían ordenado buscar a Kutúzov y al emperador cerca de la aldea de Pratzen. Pero ni ellos ni un solo oficial al mando se encontraban allí, solo multitudes desorganizadas de tropas de diversas clases. Espoleó a su caballo, ya fatigado, para alejarse rápidamente de aquellas multitudes, pero cuanto más avanzaba, más desorganizadas estaban estas. El camino real por el que había salido estaba abarrotado de calesas, carruajes