de él.
De repente pareció recordarlo; una sonrisa apenas perceptible cruzó su rostro abotargado y, haciendo una reverencia profunda y respetuosa, tomó el objeto que yacía sobre la bandeja. Era la orden de San Jorge de primera clase.
XI
Al día siguiente, el mariscal de campo ofreció una cena y un baile que el Emperador honró con su presencia. Kutúzov había recibido la Orden de San Jorge de primera clase y el Emperador le prodigó los más altos honores, pero todo el mundo conocía la insatisfacción imperial con él. Se guardaron las formas y el Emperador fue el primero en dar el ejemplo, pero todos entendían que el viejo era culpable y no servía para nada. Cuando Kutúzov, siguiendo una costumbre de los tiempos de Catalina, ordenó que las banderas capturadas fueran abatidas a los pies del Emperador al entrar este en el