alrededor de la cual cayeron decenas de miles de hombres y que los franceses consideraban la clave de toda la posición.
Este reducto consistía en un otero, en tres de cuyos lados se habían cavado trincheras. Dentro de la fortificación había diez cañones que disparaban a través de aberturas en el terraplén.
A la altura del montículo, a ambos lados, había otras baterías que también disparaban sin cesar. Un poco más atrás de los cañones se encontraba la infantería.
Al subir a aquel montículo, Pierre no tenía la menor idea de que aquel lugar, en el que se habían excavado pequeñas trincheras y desde el cual disparaban unos pocos cañones, era el punto más importante de la batalla.
Por el contrario, solo por el hecho de estar allí, lo consideraba una de las partes menos significativas del campo.
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