respecto a sus siervos, un primer ejemplo del cual es muy de desear que haya más imitadores; y segundo porque es usted uno de esos gentiles hombres de cámara que no se han considerado ofendidos por el nuevo decreto sobre los rangos asignados a los cortesanos, que tantos chismes y murmuraciones está provocando.
—No —dijo el príncipe Andréi—, mi padre no quiso que me aprovechara del privilegio. Comencé el servicio desde el grado inferior.
“Su padre, un hombre del siglo pasado, evidentemente está por encima de nuestros contemporáneos que tanto condena esta medida que no hace más que restablecer la justicia natural”.
—Creo, sin embargo, que estas condenas tienen algún fundamento —replicó el príncipe Andréi, intentando resistir la influencia de Speránski, de la cual empezaba a ser consciente. No le gustaba estar de acuerdo con él en todo y sentía el deseo