cuanto más dejaba atrás a Moscú y más se adentraba en aquel mar de tropas, más le dominaba una agitada inquietud y un sentimiento nuevo y alegre que no había experimentado antes. Era un sentimiento parecido al que había sentido en el Palacio Slobóda durante la visita del Emperador: una sensación de la necesidad de emprender algo y de sacrificar algo. Experimentaba ahora la gozosa conciencia de que todo lo que constituye la felicidad de los hombres —las comodidades de la vida, la riqueza, e incluso la vida misma— es basura que resulta un placer desechar, en comparación con algo... ¿Con qué? Pierre no sabía decirlo, y no intentaba determinar por quién y para qué sentía ese deleite tan particular de sacrificarlo todo. No le ocupaba la cuestión de a qué sacrificarlo; el hecho mismo de sacrificar le proporcionaba una sensación nueva y gozosa.
XIX
El veinticuatro de agosto se libró la batalla del reducto de Shevárdino, el veinticinco ni un bando ni el otro dispararon un solo tiro y el veintiséis tuvo lugar la batalla de Borodinó propiamente dicha.
¿Por y cómo se dieron y aceptaron las batallas de Shevárdino y Borodinó? ¿Por qué se libró la batalla de Borodinó? No tenía el menor sentido ni para los franceses ni para los rusos. Su resultado inmediato para los rusos fue, y tenía que ser, que nos acercamos a la destrucción de Moscú —lo que temíamos más que nada en el mundo—; y para los franceses, su resultado inmediato fue que se acercaron a la destrucción de todo su ejército —lo que temían más que nada en el mundo—. Lo que el resultado debía ser era bastante obvio, y sin embargo