pero que he visto hoy?», fue su primer pensamiento. «Y tampoco conocía este sufrimiento», pensó. «Sí, no conocía nada, absolutamente nada hasta ahora. Pero ¿dónde estoy?».
Él escuchó y oyó el ruido de unos caballos que se acercaban y voces que habrían en francés. Abrió los ojos. Sobre él estaba de nuevo el mismo cielo alto, con nubes que se habían elevado y flotaban aún más alto, y entre ellas brillaba el azul infinito. No volvió la cabeza ni vio a quienes, a juzgar por el ruido de los cascos y de las voces, se habían acercado a caballo y se habían detenido cerca de él.
Era Napoleón acompañado de dos edecanes. Bonaparte, recorriendo el campo de batalla a caballo, había dado las últimas órdenes para reforzar las baterías que disparaban contra el dique de Augesd y observaba a los