príncipe Andréy habrían podido prever cómo influiría en Natasha la separación de su prometido. Ruborizada y agitada, deambuló por la casa todo ese día, con los ojos secos, ocupada en los asuntos más triviales, como si no comprendiera lo que le aguardaba. Ni siquiera lloró cuando, al despedirse, él le besó la mano por última vez. > «¡No te vayas!», dijo con un tono que le hizo dudar de si de verdad no debía quedarse y que él recordó mucho tiempo después. Tampoco lloró cuando él se hubo marchado; pero durante varios días se quedó sentada en su habitación con los ojos secos, sin interesarle nada y repitiendo solo de vez en cuando: «Ay, ¿por qué se habrá
Pero una quincena después de su marcha, para sorpresa de quienes la rodeaban, se recuperó de su enfermedad mental con la misma repentinidad y