lo antes posible contra el enemigo bajo el mando del Emperador. > Mandados por el propio Emperador, no podían dejar de vencer a cualquiera, fuera quien fuese: eso pensaban Rostóv y la mayoría de los oficiales después de la
Todos tenían entonces mayor confianza en la victoria de lo que les habría otorgado ganar dos batallas.
IX
El día después de la revista, Borís Drubetskóy, con su mejor uniforme y con los mejores deseos de éxito de su camarada Berg, cabalgó hasta Olmütz para ver a Bolkónski, deseoso de aprovechar su amabilidad y conseguir para sí el mejor puesto posible —preferiblemente el de ayudante de campo de algún personaje importante, una posición en el ejército que le parecía de lo más atractiva—. «Está muy bien que Rostóv, cuyo padre le manda de diez mil rublos en diez mil, hable de