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nydus/War and PeacePublic
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Parte III

que notaba en su interior—. ¡Y pensar que hubiéramos podido imaginarlo!⁠ ⁠…

A Natásha le parecía que ya la primera vez que vio al príncipe Andréi en Otrádnoe se había enamorado de él. Era como si temiera esta extraña e inesperada felicidad de reencontrarse con el mismo hombre al que entonces había elegido (estaba firmemente convencida de que lo había hecho) y de hallarlo, según parecía, no indiferente ante ella.

“Y tenía que pasar que viniera expresamente a Petersburgo mientras nosotros estamos aquí. Y tenía que pasar que nos encontráramos en ese baile. Es el destino. ¡Claramente es el destino que todo condujera a esto! Ya entonces, nada más verle, sentí algo peculiar”.

—¿Qué más te dijo? ¿Qué versos son esos? Léelos… —dijo su madre, pensativa, refiriéndose a unos versos que el príncipe Andréi había escrito en el álbum de Natásha.

—Mamá,

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