saber hacer amistades —pensaba Berg—. Esto es lo que se saca por saber comportarse”.
—Pero por favor, no me interrumpas cuando esté entreteniendo a los invitados —dijo Véra—, porque sé lo que le interesa a cada uno y qué decirle a las distintas personas.
Berg volvió a sonreír.
—No se puede evitar: a veces los hombres tienen que mantener conversaciones masculinas —dijo él.
Recibieron a Pierre en su pequeña y nueva sala, donde era imposible sentarse en ninguna parte sin perturbar su simetría, pulcritud y orden; por lo que resultaba muy comprensible y nada extraño que Berg, tras haber ofrecido generosamente perturbar la simetría de un sillón o del sofá en honor a su querido huésped, pero encontrándose al parecer dolorosamente indeciso al respecto, acabara dejando que el visitante resolviera la cuestión de la elección. Pierre perturbó la simetría al acercar