varios documentos”.
Salió un ayudante de campo y anunció que dentro todo estaba listo. Pero visiblemente Kutúzov no deseaba entrar en aquella habitación hasta estar desocupado. Hizo una mueca. …
—No, diles que traigan una mesita aquí fuera, querido mío. Los veré aquí —dijo.
—No te vayas —añadió, volviéndose hacia el príncipe Andréi, que se había quedado en el porche y escuchaba el informe del general.
Mientras esto le era entregado, el príncipe Andréi oyó el murmullo de una voz de mujer y el crujido de un vestido de seda detrás de la puerta. Varias veces, al mirar en esa dirección, notó tras la puerta a una mujer rellenita, rosada, hermosa, con un vestido rosa y un pañuelo de seda lila en la cabeza, que sostenía una bandeja y al parecer aguardaba la entrada del comandante en jefe. El ayudante de