gravedad, no dijo que el sol o la tierra tuvieran una propiedad de atracción; dijo que todos los cuerpos, desde el más grande hasta el más pequeño, tienen la propiedad de atraerse mutuamente; es decir, dejando a un lado la cuestión de la causa del movimiento de los cuerpos, expresó la propiedad común a todos los cuerpos, desde el ínfimamente grande hasta el ínfimamente pequeño. Lo mismo hacen las ciencias naturales: dejando a orillas la cuestión de la causa, buscan leyes. La historia se encuentra en el mismo camino. Y si la historia tiene por objeto el estudio del movimiento de las naciones y de la humanidad, y no la narración de episodios en la vida de los individuos, ella también, prescindiendo del concepto de causa, debe buscar las leyes comunes a todos los elementos infinitesimales del libre albedrío, inseparablemente interconectados.
XII
Desde el momento