históricos que, en calidad de órdenes, guardaban relación con los acontecimientos, los historiadores han supuesto que los acontecimientos dependían de esas órdenes. Pero al examinar los acontecimientos mismos y la conexión en que los personajes históricos se hallaban con el pueblo, hemos descubierto que tanto ellos como sus mandatos dependían de los acontecimientos. La prueba indiscutible de esta deducción es que, por muchas órdenes que se dicten, el acontecimiento no tiene lugar a menos que existan otras causas para ello, pero tan pronto como un acontecimiento ocurre —sea cual fuere—, entre todos los deseos expresados continuamente por diversas personas siempre se encontrarán algunos que, por su significado y su momento de emisión, guarden relación como órdenes con los acontecimientos.
Llegando a esta conclusión, podemos responder directa y positivamente a estas dos cuestiones esenciales de la historia:
(1) ¿Qué es el poder?
(2) ¿Qué fuerza produce