embarazo y sintió lástima por ella y por sí mismo, y en un estado de ánimo conmovido y emocionalmente exaltado, salió de la choza donde estaba alojado con Nesvitski y comenzó a caminar de un lado a otro frente a ella.
La noche estaba neblinosa y a través de la niebla la luz de la luna brillaba misteriosamente.
«¡Sí, mañana, mañana! —pensó—. ¡Mañana todo habrá acabado para mí! Todos estos recuerdos dejarán de existir, ninguno tendrá ya sentido para mí. Mañana tal vez, incluso con certeza, presiento que por primera vez tendré que demostrar todo lo que soy capaz de hacer».
Y su imaginación representaba la batalla, su pérdida, la concentración de los combates en un solo punto y la vacilación de todos los comandantes. Y entonces ese feliz momento, ese Tolón que tanto tiempo llevaba esperando, se le presenta por