gritó de alegría y las lágrimas brotaron de sus ojos. Pero esto duró solo un momento. Enseguida volvió a ponerse manos a la obra y ahora confiaban plenamente en ella. El conde ni siquiera se enojó cuando le dijeron que Natálya Ilyníchna había revocado una orden suya, y los criados acudían ahora a ella para preguntarle si un carro estaba suficientemente cargado y si ya se podía atar con cuerdas. Gracias a las indicaciones de Natasha, el trabajo marchaba ahora con rapidez; las cosas innecesarias se dejaban y las más valiosas se empaquetaban de la forma más compacta posible.
Pero por mucho que trabajaron todos hasta bien entrada la noche de aquel día, no consiguieron empaquetar todo. La condesa se había dormido y el conde, habiendo pospuesto la marcha hasta la mañana siguiente, se fue a la cama.
Sónya and