la esperanza de que se cumpliera su prohibido anhelo terrenal), la princesa María suspiró y, tras persignarse, bajó sin pensar ni en su vestido ni en su peinado, ni en cómo entraría ni en qué diría. > ¿Qué podía importarle todo eso en comparación con la voluntad de Dios, sin cuya providencia no cae un solo cabello de la cabeza del
IV
Cuando la princesa María bajó, el príncipe Vasili y su hijo ya estaban en la sala, hablando con la princesita y Mademoiselle Bourienne. Cuando entró con su paso pesado, pisando sobre los talones, los caballeros y Mademoiselle Bourienne se levantaron y la princesita, señalándola a los caballeros, dijo: « Voilà Marie! ». La princesa María los vio a todos y los vio en detalle. Vio el rostro del príncipe Vasili, serio por un instante al verla, pero sonriendo