1806
I
A principios del año 1806, Nikoláy Rostóv regresó a casa de permiso. Denísov iba a Vorónezh y Rostóv lo persuadió para que viajara con él hasta Moscú y se hospedara en su casa.
Al encontrarse con un camarada en la penúltima estación de posta antes de Moscú, Denísov se había tomado tres botellas de vino con él y, a pesar de los baches y roderas en el camino cubierto de nieve, no se despertó ni una sola vez en el trayecto a Moscú, sino que yacía en el fondo del trineo junto a Rostóv, quien se mostraba cada vez más impaciente cuanto más se acercaban a Moscú.
«¿Cuánto falta todavía? ¿Cuánto falta todavía? ¡Oh, estas insoportables calles, tiendas, letreros de panaderías, faroles y trineos!», pensó Rostóv, una vez que pasaron los permisos en la puerta