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nydus/War and PeacePublic
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I. 1805

las manos del príncipe Andréi y de Borís—. Sabe que me alegraría mucho hacer todo lo que esté en mi poder tanto por usted como por este querido joven. —De nuevo estrechó la mano de este último con una expresión de amable, sincera y animada ligereza—. Pero ya ve... ¡en otra ocasión!

Borís estaba emocionado ante la idea de encontrarse tan cerca de las altas esferas como sentía estar en ese momento. Era consciente de que allí estaba en contacto con los resortes que ponían en movimiento los enormes desplazamientos de aquella masa de la cual, en su regimiento, se sentía un diminuto, obediente e insignificante átomo. Siguieron al príncipe Dolgorúkov hacia el corredor y se cruzaron —al salir de la puerta de la habitación del Emperador por la que Dolgorúkov había entrado— con un hombre bajito, de ropa civil, rostro inteligente y mandíbula muy saliente que, sin afearle la cara, le confería una vivacidad y una agilidad de expresión peculiares. Aquel hombre bajito saludó a Dolgorúkov con la cabeza como a un amigo íntimo y miró fijamente al príncipe Andréi con fría intensidad, caminando directo hacia él y esperando evidentemente que este lo saludara o se apartara de su camino. El príncipe Andréi no hizo ninguna de las dos cosas: una expresión de animadversión apareció en su rostro y el otro se desvió y continuó por un lateral del corredor.

—¿Quién era ese? —preguntó Borís.

«Él es uno de los hombres más notables, pero para mí más desagradables: el ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Adam Czartorýski. … Son hombres como él los que deciden el destino de las naciones», añadió Bolkónski con un suspiro que no pudo reprimir, mientras salían

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