Vasili a Anna Mijáilovna—. Vaya a tomar algo, mi pobre Anna Mijáilovna, o no resistirá.
A Pierre no le dijo nada, limitándose a apretarle el brazo con simpatía por debajo del hombro. Pierre fue con Anna Mijáilovna al pequeño salón.
—No hay nada tan refrescante después de una noche en vela como una taza de este delicioso té ruso —decía Lorrain con un aire de contenida animación mientras bebía a sorbos el té de una delicada taza china sin asas ante una mesa en la que se habían dispuesto té y una cena fría en la pequeña habitación circular.
Alrededor de la mesa se habían reunido todos los que estaban esa noche en la casa del conde Bezúkhov para reponer fuerzas.
Pierre recordaba muy bien este pequeño salón circular con sus espejos y mesitas. Durante los