franceses habían huido. Recordaba de nuevo todos los detalles de la victoria y su propia y serena valentía durante la batalla, y sintiéndose tranquilo se quedaba dormido. … A la oscura y estrellada noche le siguió una mañana brillante y alegre. La nieve se derretía bajo el sol, los caballos galopaban con rapidez y, a ambos lados del camino, se veían bosques de diversos tipos, campos y aldeas.
En una de las estaciones de postas dio alcance a un convoy de heridos rusos. El oficial ruso al cargo del transporte iba reclinado hacia atrás en el carro delantero, gritando e insultando a un soldado con groserías soeces. En cada uno de los largos carros alemanes, seis o más hombres pálidos, sucios y vendados traqueteaban a los botes por el camino pedregoso. Algunos hablaban (oyó