el oficial, levantando el codo con un gesto garboso, se acarició el bigote y se tocó ligeramente la gorra.
—¡Hola, la compañía! —dijo él alegremente, sonriendo y mirando a su alrededor.
Nadie dio ninguna respuesta.
—¿Es usted el burgués? —preguntó el oficial a Gerásim.
Gerásim miró al oficial con una expresión de alarma e interrogación.
—Quartier, quartier, logement! —dijo el oficial, mirando al hombrecito con una sonrisa condescendiente y bonachona.
—Les français sont de bons enfants. Que diable! Voyons! Ne nous fâchons pas, mon vieux! —añadió, dándole una palmada en el hombro al aterrorizado y silencioso Guerásim.
—Vaya, ¿nadie habla francés en esta casa? —preguntó de nuevo en francés, mirando a su alrededor y cruzándose con la mirada de Pierre.
Pierre se apartó de la puerta.
Nuevamente el oficial se volvió hacia Gerásim y le pidió que le enseñara las habitaciones