del viento frío, pues la fuerza del viento está fuera de la influencia de los brotes. Veo solo una coincidencia de acontecimientos como la que ocurre con todos los fenómenos de la vida, y veo que por mucho y con tanto cuidado que observe las manecillas del reloj, y las válvulas y ruedas de la máquina, y el roble, no descubriré la causa de que suenen las campanas, de que se mueva la máquina ni de los vientos de la primavera. Para eso debo cambiar por completo mi punto de vista y estudiar las leyes del movimiento del vapor, de las campanas y del viento. La historia debe hacer lo mismo. Y ya se han hecho intentos en esta dirección.
Para estudiar las leyes de la historia debemos cambiar por completo el objeto de nuestra observación, debemos dejar a un lado a los reyes, ministros y generales, y estudiar los elementos comunes e infinitesimalmente pequeños mediante los cuales se mueven las masas.
Nadie puede decir hasta qué punto le es posible al hombre avanzar de este modo hacia la comprensión de las leyes de la historia; pero es evidente que solo por ese camino se halla la posibilidad de descubrir las leyes de la historia, y que hasta ahora los historiadores no han dedicado ni la milmillonésima parte de esfuerzo mental en esta dirección en comparación con el que han consagrado a describir las acciones de diversos reyes, comandantes y ministros, y a proponer sus propias reflexiones acerca de dichas acciones.
II
Las fuerzas de una docena de naciones europeas irrumpieron en Rusia. El ejército y el pueblo rusos evitaron el choque hasta llegar a Smolensk, y de nuevo desde Smolensk