la conversación hacia otro cauce y expresar su profunda idea, aquella por cuya causa había ido a Petersburgo a consultar con su nuevo amigo el príncipe Fëdor, y ella le ayudó preguntándole cómo le había ido en sus asuntos con el príncipe Fëdor.
—¿De qué trataba? —preguntó Nikoláy.
—Siempre lo mismo —dijo Pierre, mirando a su alrededor a los oyentes—. Todos ven que las cosas van tan mal que no se puede permitir que sigan así y que es el deber de toda la gente decente contrarrestarlo hasta donde puedan.
—¿Qué pueden hacer los hombres decentes? —inquirió Nikoláy, frunciendo levemente el ceño—. ¿Qué se puede hacer?
“Pero si esto …”
—Entra en mi estudio —dijo Nikoláy.
Natásha, que hacía ya mucho que esperaba que la llamaran para amamantar a su bebé, oyó la voz de la nodriza y se fue a la habitación de