de su compañero que este último dijera algo de lo que pudiera arrepentirse más tarde. Pero Borís habló de forma nítida, clara y seca, mirando directamente a los ojos de Pierre.
— Moscú no tiene otra cosa que hacer más que chismear —continuó Borís—. Todo el mundo se pregunta a quién le dejará el conde su fortuna, aunque tal vez nos sobreviva a todos, como sinceramente espero que haga…
—Sí, es todo muy espantoso —interrumpió Pierre—; muy espantoso.
Pierre aún temía que este oficial pudiera decir sin darse cuenta algo desconcertante para él.
—Y a usted debe parecerle —dijo Borís enrojeciendo levemente, pero sin cambiar de tono ni de postura—, ¿le debe parecer que todo el mundo intenta sacarle algo al rico?
—Así es —pensó Pierre.
“Pero solo quiero decir, para evitar malentendidos, que se equivoca