a propósito de ese asunto, se había embolsado una gran suma de dinero que en ese momento llevaba en el bolsillo, al ver que una multitud se le venía encima, le mandó al cochero que se detuviera.
—¿Qué gente es esta? —gritó a los hombres, que avanzaban uno a uno y tímidamente en dirección a su carruaje.
—¿Qué gente es esta? —volvió a gritar, sin obtener respuesta.
—Su señoría... —respondió el tendero con levita de frisona—, su señoría, en conformidad con la proclama de su alteza excelentísima el conde, desean servir sin escatimar sus vidas, y no se trata de ningún tipo de motín, sino que, tal como dijo su alteza excelentísima...
—El conde no se ha marchado, está aquí, y se va a dictar una orden en relación con usted —dijo el comisario de policía—. ¡Siga! —ordenó a su cochero.