marcharse al extranjero le había dado su libertad, rogaba a la princesa Márya que lo olvidara todo y la perdonara si había tenido alguna culpa con ella, pero que no podía ser su esposa. En aquel momento todo aquello le pareció a Natásha muy fácil, sencillo y claro.
El viernes los Rostóv debían regresar al campo, pero el miércoles el conde fue con el comprador potencial a su finca cerca de Moscú.
El día que se marchó el conde, Sónya y Natásha fueron invitadas a una gran comida en casa de los Karágin, y Márya Dmítrievna las llevó. En aquella reunión, Natásha volvió a encontrarse con Anatol, y Sónya advirtió que ella le hablaba procurando no ser oída y que durante toda la comida estuvo más agitada que nunca. Al llegar a casa, Natásha fue la primera en