los demás, pero tan pronto como la conversación se centraba en él, comenzaba a hablar con pelos y señales y con evidente satisfacción.
—Comprenda mi situación, Piotr Nikoláevich. Si estuviera en caballería, no recibiría más de doscientos rublos cada cuatro meses, ni siquiera con el grado de teniente; pero tal como están las cosas, recibo doscientos treinta —dijo, mirando a Shinshín y al conde con una sonrisa alegre y amable, como si le fuera evidente que su éxito debía ser siempre el principal deseo de todos los demás.
—Además de eso, Piotr Nikoláevich, al pasarme a la Guardia estaré en una posición más visible —continuó Berg—, y las vacantes se producen mucho más frecuentemente en la Guardia de Infantería. ¡Luego, solo piense en lo que se puede hacer con doscientos treinta rublos! Incluso me apaño para ahorrar un poco y enviarle algo a mi padre —prosiguió, exhalando un aro de humo.
“ La balance y est … Un alemán sabe cómo desollar un pedernal, como dice el refrán —observó Shinshín, pasando la pipa al otro lado de la boca y guiñándole un ojo al conde.
El conde prorrumpió en risas. Los demás invitados, al ver que Shinshín estaba hablando, se acercaron a escuchar. Berg, ajeno a la ironía o la indiferencia, continuó explicando cómo al pasarse a la Guardia ya le había ganado un grado a sus antiguos camaradas del Cuerpo de Cadetes; cómo en tiempos de guerra el comandante de compañía podía morir y él, como el más antiguo de la compañía, bien podía sucederle en el puesto; lo popular que era entre todos en el regimiento, y lo satisfecho