desdeñables e insignificantes, y ansiaba tanto hallar en alguien el ideal vivo de esa perfección hacia la que aspiraba, que creyó fácilmente que en Speránski había encontrado ese ideal de hombre perfectamente racional y virtuoso. Si Speránski hubiera surgido de su misma clase social y poseído su misma educación y tradiciones, Bolkónski no tardaría en descubrir sus aspectos débiles, humanos y poco heroicos; pero tal como eran las cosas, la forma de pensar extraña y lógica de Speránski le infundía respeto, tanto más cuanto que no terminaba de comprenderlo. Además, Speránski —fuera porque valoraba la capacidad del otro o porque consideraba necesario ganárselo para su causa— hizo gala ante el príncipe Andréi de su serena y desapasionada sensatez y lo halagó con ese halago sutil que va de la mano de la seguridad en uno mismo y consiste en dar por sentado
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Parte III
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