imperante. Pasaron unos minutos. Un segundo y un tercer disparo estallaron en el aire, y luego un cuarto y un quinto tronaron solemnemente muy cerca, a la derecha.
Aún no habían cesado de reverberar los primeros disparos cuando resonaron otros y se oyeron muchos más que se mezclaban y se adelantaban unos a otros.
Napoleón, con su séquito, se acercó al reducto de Shevárdino, donde desmontó. El juego había comenzado.
XXX
Al regresar a Górki después de haber visto al príncipe Andrés, Pedro ordenó a su caballerizo que tuviera listos los caballos y que lo despertara temprano por la mañana, y luego se durmió inmediatamente detrás de un tabique en un rincón que Borís le había cedido.
Antes de que estuviera bien despierto a la mañana siguiente, todos ya habían abandonado la cabaña. Los cristales traqueteaban en las ventanitas y su