Madre de Dios ibérica!», exclamó
—La Madre de Dios de Smolensk —lo corrigió otro.
Los milicianos, tanto los que habían estado en el pueblo como los que habían trabajado en la batería, arrojaron las azadas y corrieron al encuentro de la procesión eclesiástica. Detrás del batallón que marchaba por el camino polvoriento venían los sacerdotes con sus vestiduras —un viejecito con capucha, acompañado de monaguillos y cantores—. Detrás de ellos, soldados y oficiales portaban un icono grande y de rostro oscuro, con un revestimiento metálico en relieve. Este era el icono que había sido traído desde Smolensk y que desde entonces había acompañado al ejército. Detrás, delante y a ambos lados, multitudes de milicianos con la cabeza descubierta caminaban, corrían y se inclinaban hasta tocar el suelo.
En la cima de la colina se detuvieron con el icono; los hombres