de ese modo!». Fue un golpe de genio. El príncipe Auersperg siente que su dignidad está en juego y ordena que arresten al sargento. Vamos, ¡debe reconocer que este asunto del puente de Tabor es delicioso! No es exactamente estupidez,
—Puede ser una traición —dijo el príncipe Andréi, imaginando vívidamente los abrigos grises, las heridas, el humo de la pólvora, el ruido de los disparos y la gloria que lo aguardaba.
—Eso tampoco. Deja a la corte en muy mal lugar —respondió Bilibin—. No es traición, ni villanía, ni estupidez; es exactamente como en Ulm… es… —parecía estar buscando la expresión adecuada—. C’est… c’est du Mack. Nous sommes mackés (Es… es cosa de Mack. Estamosmakeados) —concluyó, sintiendo que había acuñado un buen epigrama, uno fresco que sería repetido. Su frente, hasta entonces fruncida, se