admiró.
—Quédeseceloy.Tengovariosiguales—dijoPétya,sonrojándose.
—¡Cielos! ¡Casi lo olvido! —exclamó de pronto—. Tengo pasas, unas pasas excelentes; ya sabe, sin pepitas. Tenemos un nuevo proveedor que trae cosas estupendas. Compré diez libras. Estoy acostumbrado a comer algo dulce. ¿Le apetecen...?
Y Pétya salió corriendo al pasillo hacia su cosaco y volvió con unas bolsas que contenían unas cinco libras de pasas.
—¡Tomen, señores, tomen!
—¿Quieres una cafetera, verdad? —le preguntó al esaul—. ¡Le compré una magnífica a nuestro vivandero! Tiene cosas espléndidas. Y es muy honrado, eso es lo principal. Seguro que te la mando. O tal vez se te acaban los pedernales, o están gastados; a veces pasa, ya sabes. He traído algunos conmigo, aquí están —y mostró una bolsa—: cien pedernales. Los compré muy baratos. Por favor, coge los que quieras, o todos si te apetece...
Entonces, de repente, temeroso de